Alimentos FoodTech • Sostenibilidad

Economía circular aplicada al desarrollo de alimentos

El aumento de los costos de los recursos, la generación de desperdicios y la necesidad de construir sistemas alimentarios más eficientes están impulsando un cambio en la producción de alimentos.

  • 26/08/2026 • 16:18
Fotos: Banco de imágenes

Escrito por: Eugenia Bonanno, consultora en Nutritech IA

La economía circular comienza a ocupar un lugar estratégico dentro de la industria alimentaria. Ya no se trata solamente de reciclar envases o gestionar residuos, sino de repensar cómo se diseñan los alimentos desde el inicio: qué materias primas se utilizan, cómo se procesan, qué subproductos generan, cuánto duran y qué posibilidades existen de aprovechar los recursos una vez que termina su ciclo.

La circularidad abre así una nueva dimensión para la innovación alimentaria. Un subproducto que antes representaba un costo puede transformarse en un ingrediente. Una corriente de descarte puede convertirse en una fuente de fibra, proteína o compuestos bioactivos. Y un alimento diseñado desde una perspectiva integral puede generar valor económico y ambiental al mismo tiempo.

¿Qué significa aplicar economía circular al desarrollo de alimentos?

La economía circular busca mantener los recursos en uso durante el mayor tiempo posible, reduciendo la generación de residuos y aprovechando al máximo los materiales y materias primas disponibles.

Aplicada al sector alimentario, esta lógica implica mirar más allá del producto terminado. El objetivo es analizar todo el ciclo: desde la producción de las materias primas hasta el procesamiento, la distribución, el consumo y la gestión de los residuos o subproductos.

Esto representa una diferencia importante respecto del enfoque tradicional. En un modelo lineal, el desperdicio aparece al final del proceso. En un modelo circular, el desarrollo comienza preguntándose cómo evitarlo o cómo reincorporarlo al sistema.

Por eso, la economía circular puede convertirse en una herramienta de diseño. La pregunta deja de ser únicamente qué alimento queremos desarrollar y pasa a ser también qué recursos utilizaremos, qué coproductos podremos recuperar y cómo podemos maximizar el valor de cada materia prima.

Del residuo al ingrediente: una nueva fuente de innovación

Uno de los mayores potenciales de la economía circular está en transformar subproductos de otras industrias en nuevos ingredientes alimentarios.

Durante el procesamiento de frutas, vegetales, cereales, legumbres o semillas se generan grandes cantidades de materiales que pueden contener nutrientes y compuestos de interés. Cáscaras, pulpas, semillas, bagazos y fibras pueden convertirse, mediante diferentes tecnologías, en materias primas para nuevas formulaciones.

El concepto de upcycling alimentario representa justamente esta oportunidad: aprovechar materiales que no estaban destinados originalmente al consumo humano para desarrollar productos con mayor valor agregado.

Por ejemplo, una corriente secundaria de la industria frutícola puede convertirse en una fuente de fibra para una bebida o una barra. Un subproducto de la elaboración de cereales puede utilizarse para enriquecer una formulación. Las semillas que quedan después de determinados procesos pueden aportar proteínas, lípidos o compuestos bioactivos.

El valor de esta estrategia no está únicamente en evitar el desperdicio. También está en descubrir nuevas funcionalidades y características que puedan convertirse en atributos diferenciadores para un producto.

Diseñar productos desde una lógica circular

La circularidad puede incorporarse mucho antes de que un alimento llegue a una línea de producción. De hecho, uno de los mayores desafíos y oportunidades está en integrarla desde las primeras etapas de investigación y desarrollo.

Cuando una empresa comienza a diseñar un nuevo producto puede evaluar no solo el perfil nutricional, sensorial y económico de una formulación, sino también el origen de sus ingredientes, la disponibilidad de subproductos, el impacto del proceso y las posibilidades de aprovechamiento de los materiales.

Esta mirada permite identificar oportunidades que un proceso convencional de desarrollo podría pasar por alto.

También implica considerar la eficiencia del proceso productivo. Una formulación que utiliza una materia prima circular puede perder parte de su ventaja si requiere grandes cantidades de agua, energía o procesos complejos para transformarla. Por eso, la circularidad debe evaluarse de manera integral.

El desarrollo de alimentos circulares requiere entonces una mayor interacción entre áreas como I+D, producción, compras, packaging, marketing y sustentabilidad. No es solamente una decisión de formulación: es una estrategia transversal.

Upcycling: cuando un subproducto se convierte en una oportunidad

El upcycling alimentario está ganando relevancia porque responde simultáneamente a varios desafíos de la industria: reducción de desperdicios, búsqueda de nuevos ingredientes, innovación y diferenciación.

A diferencia del reciclaje, que generalmente busca recuperar materiales para volver a utilizarlos, el upcycling procura generar un producto o ingrediente de mayor valor a partir de un recurso que anteriormente podía considerarse un descarte.

En alimentación, esto puede traducirse en ingredientes funcionales, harinas alternativas, concentrados de fibra, proteínas, extractos o componentes destinados a mejorar determinadas características de una formulación.

La oportunidad es especialmente interesante para categorías donde el consumidor busca beneficios adicionales, como alimentos funcionales, snacks, bebidas, productos plant-based o suplementos.

Sin embargo, para que el upcycling deje de ser una tendencia y se convierta en una solución industrial escalable, es necesario superar desafíos relacionados con la disponibilidad y estandarización de las materias primas, su inocuidad, estabilidad, composición nutricional y comportamiento tecnológico.

El desafío tecnológico: transformar residuos en ingredientes competitivos

Que un material tenga potencial nutricional no significa automáticamente que pueda convertirse en un ingrediente viable.

Uno de los principales desafíos de la economía circular aplicada a los alimentos es precisamente la transformación de recursos heterogéneos en ingredientes seguros, estables y funcionales.

La composición de un subproducto puede variar según la variedad de la materia prima, el origen, la temporada y las condiciones de procesamiento. También pueden existir problemas relacionados con humedad, oxidación, contaminación microbiológica o presencia de compuestos no deseados.

A esto se suma la necesidad de garantizar que el ingrediente funcione correctamente dentro de una formulación. Una fibra recuperada, por ejemplo, puede aportar beneficios nutricionales, pero también modificar la textura, el sabor, el color o la estabilidad de un alimento.

Por eso, la innovación circular necesita apoyarse en investigación, caracterización de materias primas, desarrollo de procesos y pruebas de formulación.

La escalabilidad también es fundamental. Una solución puede funcionar perfectamente en laboratorio y resultar inviable cuando se intenta trasladarla a una producción industrial por costos logísticos, disponibilidad limitada o requerimientos tecnológicos.

El verdadero desafío está en encontrar el equilibrio entre impacto, funcionalidad, costo y viabilidad comercial.

Más allá del ingrediente: packaging, procesos y modelos de negocio

Pensar en economía circular solamente desde el aprovechamiento de residuos sería limitar su verdadero potencial.

La circularidad también puede aplicarse al packaging, al consumo energético, al uso del agua, a la logística y a los modelos de comercialización.

En materia de envases, por ejemplo, la industria está explorando materiales reciclables, reutilizables o provenientes de fuentes renovables. Pero el desarrollo también requiere evaluar si esas soluciones pueden integrarse a las líneas existentes, proteger adecuadamente al alimento y mantener su vida útil.

En los procesos productivos, la optimización puede reducir consumos de agua y energía o permitir recuperar corrientes que antes se descartaban.

Incluso pueden aparecer nuevos modelos de negocio. Una empresa puede comenzar a comercializar un subproducto que anteriormente representaba un costo de disposición o desarrollar alianzas con otras compañías para intercambiar materias primas secundarias.

Esto lleva a una idea central: la economía circular no necesariamente implica hacer lo mismo de una manera más sustentable. Puede implicar diseñar sistemas completamente diferentes.

El consumidor también forma parte del sistema

La aceptación del consumidor es otro componente decisivo.

Un alimento elaborado a partir de un subproducto puede tener excelentes propiedades nutricionales y ambientales, pero si el consumidor percibe negativamente el concepto de “residuo”, será necesario trabajar cuidadosamente la comunicación.

Por eso, el lenguaje y el posicionamiento son importantes. Conceptos como “ingrediente recuperado”, “upcycled”, “aprovechamiento de recursos” o “ingrediente de origen circular” pueden construir percepciones diferentes según la categoría y el público.

La comunicación, además, debe ser transparente. La sostenibilidad no puede convertirse simplemente en una etiqueta de marketing. Los consumidores son cada vez más sensibles a las afirmaciones ambientales y esperan que las marcas puedan demostrar sus compromisos.

Esto abre una oportunidad para desarrollar productos en los que la circularidad sea parte real de la propuesta de valor y no solamente un recurso publicitario.

El futuro del desarrollo de alimentos será circular

La economía circular está modificando la manera en que la industria alimentaria piensa la innovación. El desafío ya no consiste únicamente en desarrollar alimentos más nutritivos, convenientes o atractivos, sino también en preguntarse cómo producirlos utilizando mejor los recursos disponibles.

Esta transformación puede generar nuevas fuentes de ingredientes, categorías y oportunidades comerciales. Pero también requiere abandonar una mirada fragmentada y comenzar a diseñar alimentos considerando todo su ciclo de vida.

Para los equipos de investigación y desarrollo, esto significa incorporar nuevas preguntas desde las primeras etapas del proceso: ¿de dónde proviene este ingrediente?, ¿qué recursos requiere?, ¿qué subproductos genera?, ¿pueden aprovecharse?, ¿qué ocurre con el producto al final de su vida útil?

Las respuestas pueden convertirse en una fuente de innovación.

En un contexto donde la industria necesita reducir desperdicios, optimizar costos y responder a consumidores cada vez más interesados en el impacto de lo que comen, la economía circular deja de ser una tendencia asociada exclusivamente a la sustentabilidad.